Ene
19
2012
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La Lectio Divina es uno de los métodos de oración más antiguos de nuestra religión. Se trata de una lectura orante, reposada y profunda de los textos bíblicos, en el que el lector se deja conducir por el mismo Espíritu que los inspiró.

 

A Guido, un monje cartujo que vivió entre 1173-1180, al que se le atribuye la obra donde se sintetiza el método de la Lectio Divina, llamado por él “Escala del Paraiso” que apoyada en la tierra llega al encuentro con Dios, por medio de la Palabra. Recoge una tradición de siglos de lectura, meditación y oración de la Biblia”. Las frases entrecomilladas pertenecen a su obra.

El primer escalón es la “lectio”

Lee el texto, no una sola vez sino más veces. Has una lectura personal, como lees una carta recibida de un amigo, es el Señor quien te escribe. Has una lectura atenta, en silencio, si puedes incluso en alta voz como los monjes del desieto hacían la sinapsis, susurrando la Palabra. Te puede ayudar también copiar el texto, subrayar las palabras claves, las que te sorprenden...


“La lectura es la escucha atenta y dócil de la Escritura hecha por un espíritu
capaz de concentración y de silencio interior”

 

Invocación para el comienzo de la “lectio”:
Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, gracias porque nos has reunido para escuchar tu Palabra, en ella nos revelas tu amor y nos haces conocer tu voluntad. Has callar en nosotros toda voz que no sea la tuya, manda tu Espíritu a ilumar nuestra mente, a curar nuestro corazón. Sólo así el encuentro con tu Palabra será renovasción de la Alianza y comunión contigo y el Padre y el Espíritu Santo, Dios bendito por los siglos de los siglos, amén.


El segundo escalón es la “meditatio”

Busca aquello que el Señor te dice: rumia la Palabra, has pre­guntas al texto: ¿Qué cosa cuenta? ¿Qué dicen, hacen, sienten los personajes? ¿Qué revela el texto de la persona de Jesús? En un segundo momento, aplicate a ti la Palabra: ¿Qué te dice el texto? a tu situación, sin repliegues sobre ti mismo, es Dios que te habla, contémplalo a él y lo que él te quiere decir. 


“La meditación es una aplica­ción amorosa de la inteligencia que reflexiona e indaga sobre una verdad esconcida”


Invocación para el momento de la “meditatio”:

Señor Jesús, Hijo del Dios viviente, enséñame a rumiar y a examinar la Palabra viva de tu Evangelio, para que ella me transforme y haga mi espíritu plenamente confor­me a aquello que tú eres y a aquello que tú quieres.


El tercer escalón es la “oratio” 

Habla ahora a Dios con libertad, con confianza, con ese res­peto amoroso que los antiguos llamaban “Temor de Dios”. Pide, alaba, deja libre tu capacidad creativa, tu sensibilidad. Háblale como un amigo habla a otro amigo, de lo que ha despertado en ti la Palabra. 

 

“La oración es una adhesión trepidante del corazón a Dios en un diálogo amigable”


Invocación para el momento de la “oratio”:

Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, enséñame a habalr al Padre con el cual tu dialogas continuamente en el vínculo del Espíritu Santo. Enciende mi corazón con el amor que te une al Padre y se tú mismo en mi una continua oración.   


El cuarto escalón es la “contemplatio”

Relee el texto. Permanece en él con amor. Pasa del texto a la contemplación de Aquel que te habla, y que la Palabra te ha he­cho conocer más. Dialoga en paz con el solo deseo de quedarte quieto al lado de Él. Presencia y cercanía que se van convirtiendo en más silenciosas. La contemplación es don de Dios” 


“La contemplación es como una elevación a Dios del espíritu humano que se siente llevado fuera de sí y sobre sí y saborea la dulzura del gozo eterno”


Invocación para el momento de la “contemplatio”:

Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, suscita en mi corazón una sed de amor así grande que tu Espíritu me haga par­ticipar en la comunión de tu amor, en ese silencio que transciende toda palabra y toda comprensión.


El quinto escalón es la “actio”

“Es necesario manifestar en la acciones la caridad que nutrimos en el corazón”

 

Invocación para el momento de la “actio”:

Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, Palabra de Dios hecha carne, ven tu mismo en mi auxilio y lleva a pleno cumpli­miento la luz y la ternura divinas que he recibido en la Sa­grada Escritura. Tú que has recorrido el mundo haciendo el bien, enséñame a amar como tú amas.


 

Busca con la lectura y encontrarás con la meditación, llama con la oración y te abrirán con la contemplación “porque el que busca encuentra y al que llaman se le abrirá la puerta”

 

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